Biblioteca Marentes · N° 9 · Narrativa
Adentro de los libros
101 microrrelatos, publicados primero en la revista QuéLeer, sobre la vida secreta de los libros y de quienes los leen.

Umbrales
Dedicatoria
Para Carolina, libro.
Epígrafe
«La luz al final del túnel es adentro de un libro.»— Topografía del papel
Prólogo
Leer nos unió… leer nos une
Equipo QuéLeer (María Alejandra, Melissa y Patricia) · Caracas, noviembre de 2021
«Nos gusta su frase: después de leer un buen libro no soy yo: después de leer un buen libro vuelvo a ser yo.»
Colofón
Este libro se terminó de imprimir cuando saliste de él.
Citas de este libro
La luz al final del túnel es adentro de un libro.
Leer y escribirNada más revolucionario que leer mentalmente mientras que el sistema se asegura a sí mismo de que no lo haces porque no tienes un libro en tus manos.
LibertadNo hay que temerle al final de un libro. Todo final es, al menos, un principio.
Leer y escribirHay libros que nos salvan la vida, aunque la perdamos antes y aunque no revelemos su nombre.
MuerteHa llegado la hora de confesarlo, luego de años y años de esconderlo y tras dolores y persecuciones por parte del resto del mundo: soy un libro.
HumorSi hay algo que un buen lector sabe es que los demás también saben leer, y que también se equivocan.
Leer y escribirPocas cosas hacen más ruido y causan más expectación que un libro malo.
HumorDespués de leer un buen libro no soy yo: después de leer un buen libro vuelvo a ser yo.
Leer y escribirDe ningún libro se sale a salvo y de todos los libros nos llevamos algo.
Leer y escribirTodo final es, al menos, un principio. Siempre habrá otro libro esperándonos.
Leer y escribirDespués de los libros será más fácil leer, como lo fue antes de ellos.
Leer y escribirPocas cosas hacen más ruido que un libro malo.
HumorLos libros no leídos siempre tendrán más para decirnos que los que ya leímos.
Leer y escribirSiempre que regreso de un libro tengo que cerciorarme de no haber dejado huellas. Uno nunca sabe quién pueda estar siguiéndolo, o quién leyéndolo.
Leer y escribirEl hambre de un lector puede ser más voraz que la del estómago.
Leer y escribirSi se sienten capaces de escribirlo todo, léanlo.
Leer y escribirUn libro leído no parece gran cosa hasta que te encuentras contigo mismo en él.
Leer y escribirCada vez que nuestros ojos pasan por encima de algo lo están creando otra vez por primera vez.
Leer y escribirLeer libros leídos es más leer que leer libros no leídos.
Leer y escribirLeer es mucho más que pasar nuestros ojos distraídos por unas líneas.
Leer y escribirEstoy hecho de lo que leí.
Leer y escribirA lo que vine al mundo fue a endeudarme con los libros, no con la banca.
DineroAsí leo, porque así escribo. Así escribo, porque así vivo.
Leer y escribirSomos libros, y no sabemos lo que llevamos adentro.
Leer y escribirLa montaña gigantesca de libros por leer está en todas partes.
Leer y escribir
De esto también habla
Una piscina de libros
En su patio trasero tiene una piscina llena de libros, techada para que la lluvia no los moje. Se mete a nadar y pesca lo que va a leer.
Tengo una piscina de libros en el patio trasero de mi casa.
Tolstói, pescado
La piscina sirve para hallar libros que uno no sabía que tenía.
La otra noche atrapé un libro que no conocía de Tolstói y amanecí leyéndolo.
Cubos Rubik
Les pone compañía a sus libros: junto a unas novelas húngaras deja cubos Rubik, para que los personajes se distraigan en los tiempos de espera.
Junto a unas novelas húngaras contemporáneas tengo varios cubos Rubik.
Soy un libro
Un narrador confiesa, por fin, lo que es.
Ha llegado la hora de confesarlo, luego de años y años de esconderlo y tras dolores y persecuciones por parte del resto del mundo: soy un libro.
Un texto con una sola vocal
«De repente me quedé en el presente» termina escrito únicamente con la letra e.
espéreme, quedé en el césped verde, que el decente bebé me debe deberes.
La adarga diminuta
Al abrir el Quijote cae algo metálico: una adarga que cabe en un dedo índice; la devuelve para que Sancho la encuentre.
Diminuta. Cabía en mi índice.
Su nombre en una novela
Abre un libro al azar y encuentra su nombre en la primera línea de una novela.
Aunque sé que un sujeto llamado Sergio Marentes será el único que lea esta historia, no me importa.
La Biblioteca Rostros
Un anaquel de poesía que nació solo y ya se multiplica como hierba parásita: el primer ladrillo de otra biblioteca de Babel.
ya la humanidad tiene el primer ladrillo de otra biblioteca de Babel
Prohibido sonreír en el banco
Haciendo fila en un banco recuerda un pasaje del Quijote y sonríe; el vigilante le dice que está prohibido.
Le pregunté que si sabía por qué me reía. Sonrió levemente y me dijo que sí.
La mosca que leía poemas
Grabando la lectura de un poema descubre que una mosca, del otro lado de la ventana, lee en voz alta con él.
Deseé que hubiera poesía suficiente para cada mosca del mundo.
El lector que se quejó
Se cita con un lector que se quejó de su columna ante el periódico. Al despedirse le pregunta su nombre.
Sergio Marentes, dijo, y sonrió.
Su propio libro, de segunda
Un librero insiste en venderle un ejemplar que le resulta familiar: es un libro suyo, y lo lee como si no lo conociera.
Así es esto de escribir libros.
Un libro que aún no escribe
En una biblioteca desolada lee su nombre en el lomo de un poemario de seis palabras; no lo abre porque todavía no lo escribe.
No lo tomo para leerlo porque todavía no lo escribo.
El libro que lo vigila
En su biblioteca hay un libro que lo observa siempre que lee: Un bicho cayendo con épica agonía, su primer poemario.
Algunas veces lo tomo y lo dejo en el anaquel de clásicos, para que se distraiga sanamente.
Encontrarse de niño en la Feria
En la Feria del libro de Bogotá ve a un niño que sonríe leyendo un poemario; sospecha que el niño es él. Abre el libro: todo está en blanco.
Tomé entonces el libro que leyó el chico, lo abrí para buscar lo que lo hizo sonreír, pero todo estaba en blanco.
Unas obras completas de ñapa
Un librero de viejo le regala unas obras completas; las lee en veinte minutos y la última palabra es «Tú».
la última palabra, que era la que se refería a Alguien, era la palabra Tú.
Un ojo para cada libro
Le preguntan cómo leyó una novela mientras leía otro libro.
con el ojo derecho leí esa novela y con el izquierdo mi libro de cuentos.
Lo que donó al fuego
Ante la tormenta de publicaciones póstumas, quema sus propios manuscritos para que nadie los publique después.
unas diez novelas, varias decenas de cuentos y, válgame dios, centenares de intentos de poemas. Nada. Hambre.
Toda la literatura en un libro
Trae de la Feria un libro con una sola letra o signo por página: contiene toda la literatura.
tiene toda la literatura escrita. Por lo menos toda la que se me ha ocurrido hasta ahora.
Un trueque con un gitano
Un gitano le propone cambiar cada libro de ficción por varios de poesía; termina entregando casi toda su narrativa.
Cosas de la debilidad del cuerpo.
Un libro sin palabras
Le regalan un libro en blanco que nunca escribe, porque un libro es sólo para leerlo.
A la persona que me lo regaló nunca la volví a ver. Era yo, pero nunca lo volví a ver.
Del prólogo
«Los libros de Sergio toman café y lo espían.»— Equipo QuéLeer, Caracas, 2021
«Se sabe que tiene novelas guardadas en un cajón, así como poemarios, cuentos y aforismos que lo asaltan por las noches.»— Equipo QuéLeer, Caracas, 2021
«Sergio es un lector consumado que amó la lectura desde que pudo leer su primer libro.»— Equipo QuéLeer, Caracas, 2021
«Imaginamos al Sergio niño leyendo enciclopedias con avidez y sin límites, guiado por la curiosidad.»— Equipo QuéLeer, Caracas, 2021
«El autor dice que sus libros tienen celos profesionales cuando llega uno nuevo a su biblioteca.»— Equipo QuéLeer, Caracas, 2021
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